Nos gustaría hablar de la situación que estamos atravesando y las consecuencias emocionales que resultan de ella.

El confinamiento, las limitaciones y la pandemia en general, se trata de una experiencia negativa porque supone una ruptura con la rutina y vida diaria de cada uno. Además conlleva limitaciones obligatorias impuestas desde el exterior que nos hace sentir una sensación de incontrolabilidad y nos lleva a poner en marcha ciertos mecanismos de afrontamiento que no estaban disponibles o trabajados. Todo esto conlleva a una hiperexigencia de regulación emocional que nos puede llevar a tener consecuencias negativas por esa falta de disponibilidad o activación de los recursos disponibles para afrontarla.

La diferencia en la forma de adaptarnos que tenemos cada uno a las situaciones extremas, depende de, entre otras muchas más cosas y circunstancias, de la capacidad de RESILIENCIA  de cada uno. ¿Qué es eso de resiliencia?

La RESILIENCIA es la capacidad que tenemos los seres humanos para adaptarnos a las situaciones adversas y superar las dificultades, al mismo tiempo que nos transforma y salimos fortalecidos de ellas. Es una capacidad que tiene el ser humano y, por lo tanto, se puede aprender y trabajar. ¿Cómo? A través de la acción y posterior análisis de ella.

No todas las personas tenemos las mismas capacidades, es decir, no todos actuamos o nos adaptamos de igual modo a una situación extrema como la actual.

¿Qué consecuencias psicológicas puede tener el confinamiento y la situación posterior?

– Miedo, ansiedad, apatía. Vivir una situación que nos limita nuestra capacidad de acción deriva en una necesidad de adaptación. Primero a esa situación de limitaciones y posteriormente a la nueva situación cuando las limitaciones desaparezcan.

-Incertidumbre, inflexibilidad. La incontrolabilidad y la poca información que conocemos de toda esta situación nos provoca una sensación constante de incertidumbre que nos lleva a experimentar sensaciones negativas. Las personas inflexibles y que le cuesta proporcionar alternativas experimentarán en mayor grado estas sensaciones negativas.

– Pensamientos catastrofistas y anticipatorios, derivados de esa incertidumbre. No saber cómo gestionar una situación nos lleva a pensar siempre en los extremos negativos y anticipar las consecuencias negativas que pueden aparecer.

-Cambios emocionales. Podemos pasar por numerosos estados confusos de irritabilidad, tristeza, enfado, negación…etc.

-Cambios conductuales y conductas desadaptativas. No saber gestionar la situación hace que movilicemos nuestros recursos y actuemos por ensayo y error sin un razonamiento previo y sin generar todas las propuestas de resolución de problemas posibles. Esto se viene observando en adolescentes, quienes sufren mayor impacto de esta situación unido a los cambios propios de la etapa del ciclo vital que atraviesan.

-Cambios sociales. Es indudable que nos enfrentamos a un cambio cultural. Los saludos, el contacto, la cercanía que caracteriza a nuestra cultura se ha visto mermado como medidas de prevención de la salud y esto mantenido a largo plazo dará lugar a cambios en nuestra forma de relacionarnos.

La OMS (organización mundial de la salud), desde el mes de mayo alertaba de las consecuencias de la pandemia. En consulta, cada vez son más las personas que atendemos por dificultades relacionadas con esta situación. Entre algunos de los trastornos que más observamos, se encuentran:

– Ansiedad

-Depresión

-Fobia social

-Hipocondría

-TOC

-Agorafobia

Noelia López Franco. Psicóloga

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